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El invierno revienta las calles

El invierno revienta las calles

A diario y más aún ahora que empezaron las lluvias, Danilo Manosalvas, guayaquileño, se ve obligado a esquivar el gran bache que se encuentra en la avenida Juan Tanca Marengo, a la altura del puente que conecta a la también avenida Las Aguas con la calle Benjamín Carrión, al norte de la ciudad.

“Tengo que abrirme, frenar a raya o estar atento al que está delante mío lo haga, porque si caemos se nos friega el carro. Y es que el bache es enorme, como otros tantos que hay en Guayaquil…”, precisa Manosalvas, quien por ser taxista circula generalmente por esta arteria, que según contabilizó EXPRESO -teniendo en cuenta los realmente grandes-, tiene al menos 10.

“Se imagina entonces lo que implica para mí circular por aquí. Si lo hago es porque es mi ruta obligada a ciudadelas como AlboradaSaucesSamanesGarzota y Álamos”. Gabriela Manzano, quien habita en Samanes y estudia en el Tecnológico Espíritu Santo, ubicado en la misma arteria, coincide con él.

“Si pudiera agarrar otra ruta lo haría sin dudarlo”. Hay tantas cavidades, solo en el kilómetro 4,5 tres están juntas y hace dos semanas le averiaron la dirección de su auto. “Casi se rompe”. Y aunque asegura que con el invierno, estas se han profundizado, advierte que no todas son nuevas.

En la ciudad, sentencian los habitantes, hay calles que previo a esta época ya estaban repletas de cráteres. “De hecho son tantos que a veces pienso que estoy hasta en la Luna”, piensa Walter Zunino, habitante de La Pradera III, que asegura que en su sector, en un tramo de 400 metros que inicia en la intersección de la calle 47 y la Domingo Comín hasta la empresa La Fabril, al sur, hay 15.

El invierno revienta las calles
En Los Ceibos, cerca del condominio Santa Cecilia se observa este ‘cráter’ que ya había sido reparado. Cerca hay otros y todos generan molestias a los residentes.

Y ni hablar de la calle Esmeraldas, donde asimismo hay tantos -algunos consecuencia de las lluvias- que a los conductores, incluso de buses, les resulta imposible sortearlos. Y como resultado, no solo los vehículos se dañan, sino que generan tal movimiento, explica Gustavo Rivadeneira, presidente del comité promejoras del barrio del Salado, que además de llegar a pensar que se está produciendo un temblor, se lesionan las estructuras de sus viviendas.

En todos los sitios, a los que se suman ciertos tramos de Los CeibosUrdesa y la ciudadela Huancavilca, donde son evidentes, las quejas se incrementan en estos meses porque las depresiones se rebosan de agua, lo que impide que los vean y da cabida a la formación de criaderos de moscos.

Es increíble, protesta Valentina Bajaña, de Los Ceibos, que los guayaquileños ahora no solo tengan que preocuparse por la maleza, sino también por los orificios.

“La falta de mantenimiento por parte del Municipio ahora puede hasta deteriorar nuestra salud. Y es que no acepto que digan que los baches surgen por los aguaceros. Mentira. Hay unos que ya fueron tapados y tras dos o tres meses, volvieron a salir. ¿Qué quiere decir eso? Que entonces han trabajado mal”, argumenta.

Respecto al tema, Carlos Intriago, subdirector del departamento de Obras Públicas, asegura que el Municipio dispone de $ 10 millones al año para invertir en rebacheo; gestión que iniciarán tras las lluvias, puesto que de hacerlo en este momento el asfalto que no se ha solidificado se disiparía.

Por ahora, ha dicho el Cabildo, a través de unidades móviles, se está ya verificando cuáles son las áreas deterioradas.

Fuente: Diario Expreso

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