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Cementerio de buses en una calle

Cementerio de buses en una calle

Llantas desgastadas, carrocería corroída, pintura difusa y una banda que avisa: “me voy a chatarrizar” componen el paisaje de 20 buses de transporte público que cumplieron su vida útil y ahora esperan por ser desguazados al pie del parterre de las avenidas Rodrigo Icaza Cornejo y Teodoro Alvarado Oleas, en la ciudadela Guayacanes, al norte.

Su estadía en el lugar no solo que ha provocado el descontento de los moradores de este sector porque argumentan que son guarida de la delincuencia y obstruyen el paso, sino porque además lo prohíbe la ley.

Los afectados aceptaron hablar sobre la situación y que sus nombres se publiquen. Sin embargo, pidieron la reserva de sus rostros. “Por miedo a represalias”, argumentaron todos.

“Es increíble que dejen estos buses dañados como si esto fuera un basurero. Hay tantos que es como si hubiera una pared. Pegados unos a otros no se puede pasar. Esta no es la ciudadela que yo elegí para vivir”, expone Juanita Noboa, residente de Guayacanes desde hace 15 años.

En aquella arteria del norte no existe una señal que impida el parqueo de los vehículos al lado del parterre central. Sin embargo, el Reglamento General para la Aplicación de la Ley Orgánica de Transporte TerrestreTránsito y Seguridad Vial prohíbe, en su artículo 179, el parqueo sobre o junto a un parterre central o isla de seguridad.

Seguramente, la prohibición de tránsito ocurre para evitar lo que le sucede a Dolores Zambrano, vecina de Noboa, cuando va a la tienda. Cerca del mediodía la adulta mayor hace un intento por cruzar la calle y ante la imposibilidad de llegar al parterre central, por la obstaculización de los buses, camina por la vía hasta el corte del parterre para atravesar la avenida hacia su hogar. “Fíjese, yo tengo diabetes. He perdido la vista por la enfermedad y encima tenemos que soportar los obstáculos. Los ladrones se meten detrás de los buses y nadie los ve. Lo digo porque recién le robaron a una chica detrás de esos buses”, cuenta con su voz temblorosa.

Un vecino del sector se une a la conversación. Prefiere no dar su nombre, pero sostiene que la poca visibilidad que dejan los vehículos pesados ha provocado varios accidentes de tránsito. “Aquí no hay vigilancia, hacen lo que quieren, no les importa la gente”, critica el morador.

Los colectivos pertenecen a la cooperativa de buses Saucinc y son parte de la flota reemplazada a mediados de marzo con los nuevos buses eléctricos de transporte público. Llevan en Guayacanes algo más de 15 días y están a la espera de su chatarrización, confirmó a EXPRESO Cristóbal Silva, presidente de Saucinc.

“El proceso de chatarrización tiene que cumplir con requisitos legales como: darles de baja de la compañía, hacer declaraciones juramentadas… Son procesos que tardan. Ya se los dio de baja y esperamos que, para la próxima semana, se los pueda llevar al sitio de chatarrización. Solo pedimos que nos comprendan”, explica.

Silva, además, reconoce que debería existir un canchón que acoja a este tipo de vehículos que ya no pueden seguir en circulación por su vetustez. “Pero eso ya es una cuestión de la autoridad. Hemos tratado de comprar un terreno para dejarlos, pero son muy caros”.

Este Diario consultó con la Autoridad de Tránsito Municipal (ATM) sobre la situación. Sin responder a los detalles del hecho, Andrés Roche, gerente general de la ATM, determinó el retiro de los buses hasta las 14:00 de ayer. “Si no los retiran, tendremos que llevarlos al centro de retención vehicular”, dijo un vocero.

A las 17:00, moradores confirmaron el retiro de cinco buses. Pero hasta el cierre de esta edición, ni la autoridad ni la cooperativa se llevaron los otros 15 ni precisaron el destino del resto.

Fuente: Diario Expreso

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